jueves, junio 16, 2011

La extraño


Extraño sentir su calidez. Esos buenos días de baile que me entregaba, las buenas noches de serenata que yo le daba. ¿Dónde está hoy? Perdí su dirección, nunca le pedí su facebook y menos su msn ¿Seguirá viviendo aquí cerca? Podría visitarle una noche y pedirle que vuelva, que sólo me permita sentarme a su lado.

Los sentires que hacen faltan se amontonan en un cajón. Las mariposas en el estomago, las piernas temblando, las manos parecidas a las de un anciano, débiles que parecen tambalearse, pero fuertes como las de un atleta. ¿Me odiaría si le pido su regreso? ¿Tendría que rogar por un poco más de las hormigas recorriendo la piel?

El deseo de verle se oculta en una esquina de la memoria cautiva. Aun recuerdo ir caminando a su lado, sonriéndole. Ella, a veces burlándose, escondiéndose de mí, como si fuera fácil vivir sin encontrarle y ahí simplemente sentirme perdido, como hoy.

Como la extraño a ella, a la sensación de estar enamorado.

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